Viajar en pareja: 10 motivos por los que siempre nos quedará Portugal

Conocí Portugal de la mano del amor, de ese que te hace olvidar el tiempo y el lugar en el que estás. Lo conocí de la mejor manera posible, explorando su geografía, empapándome de sus empedradas calles, sintiéndome una ciudadana más de su república y probando uno de mis platos favoritos del mundo: la picanha. Descubrir nuestro país vecino ha sido muy fácil, se deja querer en cada viaje y siempre nos enseña más y más. Y es que, aunque suene a tópico, Portugal sorprende en cada visita. Su cultura hay que acariciarla, hacerse a ella, hablar con su gente y vivir a su ritmo. Si todavía no os habéis enamorado, siempre podéis coger el coche y poner rumbo a Portugal, y si es en pareja ¡mejor! Si todavía no lo tenéis claro, acompañadnos.

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1. Otra cultura, otra gente. Tan cerca pero tan lejos

Tras cruzar la frontera los ciudadanos del país vecino nos reciben con una gran sonrisa. Aunque son pocos los kilómetros que nos separan, los portugueses son amables y hospitalarios pero en distinta medida a nosotros. Quizás a este lado de la línea, nuestra naturaleza nos dice que debemos ir con pies de plomo y no fiarnos de golpe y porrazo. Sin embargo, los portugueses y portuguesas se tiran a la piscina, tenga o no tenga agua, abren sus brazos y nos reciben como lo que somos, sus vecinos. ¿Y qué os voy a decir yo? ¡Así da gusto!

2. Hasta 943 kilómetros de costa

Nazaré
Nazaré

Portugal presume de tener algunas de las mejores playas del mundo, cientos de kilómetros, muchos de ellos pertenecientes a playas totalmente vírgenes. Invierno o verano, la costa portuguesa ofrece una gran variedad de posibilidades. Con el buen tiempo  el pais se llena de turistas de norte a sur y localidades como Peniche reciben a miles de surferos. Para disfrutar en pareja, optaríamos por un sitio tranquilo, con alguna playa virgen cerca y donde sentir que nada tiene que envidiar al Caribe.

Praia de Âncora
Praia de Âncora

3. El amor entra por la boca

Disfrutar juntos de una cena romántica en un velero por el río Duero y desembarcar en la Ribeira de Oporto. ¿No es un planazo? Seáis unos romanticones o no, el encanto de la gastronomía portuguesa es único. Entre los grandes protagonistas de sus platos está el bacalao, preparado en distintas modalidades, y los reyes de los postres, los pasteles de Belém o pastel de nata. Y aunque la brasileña esté increíble, la picanha portuguesa nada tiene qué envidiar!

4. Aveiro y sus moliceiros

Una de las villas más pintorescas de la geografía del norte de Portugal es Aveiro. También llamada la “pequeña Venecia”, más de una decena de moliceiros (embarcaciones que tanto a proa como a popa son elevadas), surcan sus canales cargados de turistas. Y por si no fuera poco, si damos un paseo por el casco antiguo y la plaza del Mercado de esta preciosa ciudad, querremos quedarnos a vivir ahí siempre. Pero ahí no queda todo porque muy cerquita de Aveiro encontramos Costa Nova, donde las casas de colores, antiguo almacén de los pescadores, han sido restauradas y son todo un símbolo turístico.

5. Bueno, bonito y barato

Comer en Oporto por 8€, dormir en Lisboa por 18€ o vivir en pareja la experiencia de alojarse en una auténtica quinta portuguesa en Braga por 36€. Portugal puede ser igual o más barato que nuestros destinos nacionales, el gran truco está en huir de lo de siempre, de lo turístico y explorar los millones de lugares que su territorio nos pueden ofrecer. Y si acabáis como nosotros, por casualidad, en alguna ciudad como Guimarães, no os arrepentiréis.

6. Bailar pegados es bailar

La música popular en Portugal es un tema aparte. Las verbenas son amenizadas por artistas como Quim Barreiros y su famosa A Cabritinha, entre otros. Aunque sólo podréis disfrutar de esta profunda esencia portuguesa si coincide que estáis en una localidad no muy grande en la que haya fiestas locales en ese momento. Por contra, en las grandes urbes como Oporto o Lisboa, predominan los aires de las capitales europeas, con conciertos en pequeñas salas o grandes recintos, así como festivales independientes. ¡Cualquier excusa es buena para agarrar a tu pareja y lanzarte a la pista de baile!

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7. Un empedrado paseo

Desplazarse en coche por los centros históricos de las ciudades portuguesas es toda una odisea. Parte del encanto de la calles está en que conservan el empedrado que se iniciaba allá por el siglo XV y del que se ha creado hasta una Escuela de Empedradores. Un sinfín de ciudades presumen de tener preciosos empedrados sin los que su arquitectura no sería la misma. Eso sí, otra cosa es ir en el coche y sentir que te estás dejando las ruedas en la carretera.

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8. Los azulejos de Oporto

Oporto es una ciudad vibrante que en los últimos años está siendo descubierta por millones de turistas. Su emblemática estación de São Bento es el claro ejemplo de la admiración por los azulejos. Blanco, azul y amarillo se funden en distintos mosaicos que nos invitan a entrar y disfrutar de un hall que cuanto menos, impresiona. Alrededor de este amor por los azulejos, se han creado productos de todo tipo que se venden en los diversos mercadillos de la ciudad: pendientes, carteras, camisetas, posavasos y muchos más objetos con motivo de azulejo que a nosotros… ¡nos encantan!

9. En ferry desde Caminha hasta A Guarda

La gran alternativa para cruzar de Portugal a España por el norte es el ferry que cruza el río Miño y que conecta la pequeña villa portuguesa de Caminha con la localidad de A  Guarda. Por tan sólo 5 euros pueden disfrutar del trayecto dos personas, llevando un coche. Con el monte de Santa Tecla al fondo y la desembocadura del río muy próxima, esta forma de cruzar la frontera es una de nuestras favoritas.

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10. Fátima, uno de los mayores centros de peregrinación del mundo

Millones de personas de todo el mundo llegan a la pequeña villa de Fátima como peregrinos, convirtiendo este lugar en uno de los centros de peregrinación marianos más aclamados del mundo. Escuchar el rosario en 5 idiomas o asistir a la gran procesión de las velas son dos de las grandes citas en la ciudad. Sin embargo, Fátima no es sólo religión, sino también cultura, un punto en el que se reúne gente procedente de cientos de países. Es también arquitectura, ya que su nueva Basílica es toda una obra de arte del griego Alexandros Tomazis y en la que caben más de 8.000 personas.

Muy cerca de Fátima se encuentran otras localidades que merecen ser visitadas como Nazaré o Batalha y al sur hacia Lisboa, el jardín oriental más grande de Europa.

Si todavía os faltaban motivos para visitar Portugal, espero que después de este post, estéis deseando coger la maleta y recorrer los rincones de este maravilloso país.

¡Un abrazo y espíritu Wonderlust!

 

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